Entrevista (Agencia Veritas)

 

Pedro M. Lamet escribe un "Diario" de la Virgen María: "Ser fiel al relato evangélico y a la tradición dan a la historia un gancho muy especial"


El escritor acaba de publicar un último libro en el que recrea la subjetividad de la Virgen

Fecha de publicación: 22/06/2004 12:24

Lugar: Madrid


      El periodista y escritor jesuita Pedro Miguel Lamet acaba de publicar su último libro "Las palabras calladas. Diario de María de Nazaret"(Belacqva), un relato-poema en el que intenta recrear la subjetividad de la Virgen María, basándose en la contemplación y los datos históricos.
     
     El autor explica en esta entrevista la importancia de la contemplación, según el método ignaciano, para entrar con la imaginación en los pasajes de la vida de Jesús y su Madre.
     
     -¿Qué atractivo literario tiene la figura de la Virgen María?
     
     Pedro M. Lamet: Un enorme atractivo. Y no sólo literario, como lo demuestra nuestra poesía, desde "Las Cantigas" de Alfonso X el Sabio hasta los poemas de Gerardo Diego e incluso de Juan Ramón o Luis Rosales, sino en general para toda creación artística, sobre todo pictórica y escultórica.
     
     María además de madre de Dios encarna en nuestra cultura el ideal femenino en las diversas etapas del hombre. Su pureza, su sencillez, su silencio, su estar ahí, cautivan al pueblo. Y ello explica la devoción popular y el interés de artistas e incluso de algunos cineastas.
     
     Es curioso que lo que más fascina a los espectadores de la reciente y polémica película de Mel Gibson, "La Pasión", sea la figura de María, posiblemente el personaje mejor dibujado del film.
     
     -¿Cómo se cruzan la imaginación y la fe para recrear unos años con tan escasa información evangélica como los vividos por Jesús en el seno de la familia de Nazaret?
     
     Pedro M. Lamet: En primer lugar está la contemplación. Este libro es fruto de muchos años de oración con el método ignaciano de "aplicar los sentidos" y vivir con los personajes evangélicos, "como si presente me hallase". Creo que de este modo se realizan auténticos viajes en el tiempo, y el meditador se traslada en cierta manera a aquellos momentos y lugares.
     
     Luego hay dos apoyaturas muy importantes para el autor, procedentes de la investigación: la bíblica, que he procurado que atraviese todo el libro (no olvidemos que María era judía y por tanto heredera de ese gran bagaje del Antiguo Testamento), y además la hitoriográfica y arquelógica: lo que conocemos de la historia de Israel y de la forma de vida de los contemporáneos de María y Jesús.
     
     Pero lo que da vertebradura al libro es la evocación poética, pues aunque es un relato, he intentado que sea en realidad un gran poema. Sólo desde la poesía, iluminada por la fe, se puede intentar recrear la subjetividad de María. Y, en todo caso no es más que una propuesta para el que le sirva, claro.
     
     -Usted ha conseguido aproximarse a muchos aspectos misteriosos de la vida de la Virgen como mujer (anunciación, virginidad, castidad conyugal) humanizándolos, pero sin transgredirlos ¿cómo lo ha conseguido?
     
     Pedro M. Lamet: Mi única osadía ha sido introducirme en la subjetividad de María de Nazaret. Pero esto lo he hecho como de puntillas, con un enorme respeto y contención e imaginando que sus sentimientos no podían ser otros que los de una extraordinaria mujer, llena de gracia y de fe.
     
     Por ejemplo no es obligatorio creer que el ángel durante la anunciación tomara una apariencia carnal. Pudo ser un arrebato místico. Lo importante es que realmente se produjera la Encarnación. Ni es menos ortodoxa su virginidad, tal como la enseña la Iglesia, si se hace compatible con que José y María estuvieran realmente enamorados y a la vez superados por la irrupción del misterio.
     
     Es más, ser fiel al relato evangélico y a la tradición dan a la historia un gancho muy especial, como la crisis dramática por las dudas de José o cuando ni éste ni María entienden que el niño se quede en el templo.
     
     En una emisora de radio me preguntaron si, al hacerlos tan humanos, no los desmitificaba. Al contrario; al mostrarlos cotidianos, metidos en la vida, su grandeza se aprecia más. ¿Hay algo más poético, por ejemplo, que un niño escuchando un cuento de labios de su madre? Así aprendió Jesús la cultura que serviría luego de vehículo a su buena noticia.
     
     -¿Por qué ha querido dedicar su libro especialmente a los pobres y marginados?
     
     Pedro M. Lamet: Porque el mensaje central de María es el Magníficat. Ella se ve como pequeña, una simple aldeana engrandecida por el beso de Dios y canta el canto de liberación de los que no cuentan en este mudo y son machacados por los poderosos, en definitiva el canto que trae el Hijo que lleva en sus entrañas.
     
     El Evangelio es la historia de lo pequeño que se hace grande: el grano de mostaza, la levadura, la oveja perdida. Jesucristo crucificado es el gran repudiado, marginado, tenido por leproso, que vence y libera con su muerte a todos los pequeños de este mundo. María lo anuncia y lo respalda toda su vida en silencio.
     
     -Usted confiesa al final del libro que la Virgen llenó su juventud de "idealismo y ansias de entrega". ¿Cree que la figura de María puede hoy mover a los jóvenes a entregar su vida?
     
     Pedro M. Lamet: Yo pertenecí desde muy joven a una congregación mariana y no olvido aquella imagen de María adolescente que acompañó en todo momento mi vocación.
     
     Yo no comparto cierta mariología fundamentalista y falsamente pietista que, de tanto endiosar a la Madre casi la separan del Hijo. Como dice el Concilio, Cristo es "el único mediador" y María está íntimamente asociada a él.
     
     Precisamente su encanto está en el ser una mujer sencilla, una de nosotros, al mismo tiempo madre de Dios, y por tanto un primer escalón más fácil para entender y subir a Cristo. "Ad Iesum per Mariam" decía el viejo adagio de las congregaciones marianas. Por eso María tiene mucho atractivo para los jóvenes también hoy. Pero hemos de presentarla como realmente era: una joven encantadora y sencilla que se deja inundar de Dios.
     
     -En su libro pone en boca de la Virgen una definición de la felicidad muy curiosa: "Ser feliz es decir sí". ¿Puede explicar mejor esta idea?
     
     Pedro M. Lamet: Claro. Es la famosa respuesta que le da al ángel, que en latín se conoce como el fiat de María: "hágase". Toda la vida de la madre de Jesús se resume en ese "si", ese "hágase".
     
     Si uno acepta en su vida la irrupción del misterio, el que Dios lleve las riendas, a la larga es feliz. Pues, aunque no lo acepte, Dios, a través de los acontecimientos, va a irrumpir en mi vida y si pretende cambiar lo irremediable -no las cosas que pueden ser cambiadas- sufrirá intentando lo imposible: parar el fluir del río.
     
     El "hágase" de María es el prólogo del "hágase tu voluntad" de Jesús en la cruz. Por eso, en mi relato Jesús adelanta a María, durante un paseo al atardecer, sus "felicidades", sus bienaventuranzas y el triunfo de los pobres y sencillos que, como ella, aceptan la voluntad de Dios.
     



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